L'Espace Mont-Blanc

La Casermetta a través de los siglos

Las vicisitudes de la Casermetta se insertan en la larga historia del Col de la Seigne que, desde la antigüedad, representa una verdadera puerta de acceso al Valle de Aosta, lugar de pasaje de hombres y mercaderías provenientes o dirigidas a Francia.
El topónimo tiene un origen tan antiguo como incierto. Los términos medievales Mons Senae, Collium de Senia, Alpis Seniae evocan al Colle del Segnale, relacionados con el término céltico "sange" que significa terreno pantanoso, el cual está presente en el valle, más precisamente en la zona del lago Combal.

El Col de la Seigne, pasaje conocido por los antiguos romanos, siguió siendo usado durante la Edad Media, cuando asumió definitivamente su nombre actual, período durante el cual las condiciones climáticas favorables permitían el uso de los pasajes alpinos en altura durante muchos meses del año.
Se debió esperar hasta el 1863 para que el Tour du Mont Blanc, y sobre todo el Col de la Seigne, asuma un rol de relevancia en las narraciones de los viajeros y alpinistas ingleses. John Ball, presidente de Alpine Club, cita expresamente al Col de la Seigne, incluyéndolo entre los puntos panorámicos más hermosos de todo el recorrido, por ser capaz de "hacer que esta parte del camino sea extremadamente interesante para los verdaderos amantes de la naturaleza"

La historia de la Casermetta
La Casermetta del Col de la Seigne testimonia un período de convivencia difícil entre las naciones de uno y del otro lado de los Alpes. Representaba un fortín a lo largo de la frontera entre Italia y Francia, vigilado constantemente por una guarnición militar.

En los años 30, debido a las tensiones internacionales, en el sector del Monte Blanco tuvieron lugar ejercitaciones espectaculares con maniobras de pabellones militares en altura. El momento más oscuro vivido en esta zona está relacionado con el segundo conflicto mundial, durante el cual el Col de la Seigne fue teatro de uno de los ataques  más cruentos del ejército italiano a espaldas de una Francia ya abatida por la Alemania nazi. Aún hoy se pueden reconocer por todas partes los restos de las fortificaciones y los puestos de tiro.
Después del final de la segunda guerra mundial, la historia de la Casermetta tomó un rumbo distinto. En el invierno de 1945, un grupo de aspirantes a maestros de esquí se reunió, bajo la dirección de Francis Salluard, para dar vida a la Escuela de Esquí del Monte Blanco. Las dificultades eran considerables, los recursos económicos escasos y el equipo de esquí defectuoso, así que los alumnos se apropiaron de los esquíes blancos de fresno abandonados por el ejército alemán en el Col de la Seigne durante la precipitada retirada después del 25 de abril.

Entonces el Col de la Seigne y el pequeño cuartel, tal como los podemos ver hoy en día, renacieron después de años de abandono, volvieron a representar un verdadero espacio de encuentro para todos aquellos que, con el mismo espíritu de los primeros viajeros, descubrieron este maravilloso rincón de los Alpes.