L'Espace Mont-Blanc

La arquitectura

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Antes de dirigirnos a los senderos a pie del Monte Blanco y descubrir la riqueza y la variedad del patrimonio arquitectónico y naturalista, es útil recordar la etimología del término francés "chalet". Éste deriva de "cale" con el que se entendía un reparo rudimentario para el ganado en los Alpes en cota.

Los modernos chalé de madera, sueño industrializado del turista de hoy que transcurre las vacaciones en montaña, eran en un lejano pasado un simple reparo, un apilamiento de piedras con un hogar entre dos rocas que se asomaban y el queso conservado bajo las piedras.

Esta espectacular evolución nos recuerda que las formas arquitectónicas y antrópicas de los paisajes del macizo del Monte Blanco han sido "forjadas" por las relaciones entre el hombre y el ganado. Primera entre todas las exigencias de los habitantes de construir una morada y proporcionar nutrimento a la reina de todos los animales, la vaca, de combate o de leche, celebrada en los valles todos los años por la inarpa e desarpa, (transhumancia)  la subida y bajada de los Alpes.

La habitación tradicional del macizo del Monte Blanco, en las praderas alpinas o en el valle, en la mayoría de los casos, es de uso estacional y dividida en varios cuerpos: los alpagiste, los conductores de pastoreo alpino, se desplazan "de montagne en montagne" (Beaufort), de "tramails en tramails" (Vallese y Valle de Aosta) mientras las granjas en cotas más bajas se subdividen en numerosos edificios distribuidos en los diferentes niveles altimétricos:  casas, graneros, mayens o montagnettes,  heniles, hornos, etc.

Los pueblos, las aldeas, las casas y los diferentes edificios difundidos en el territorio testimonian no sólo un talento arquitectónico evidente, expresado en una ósmosis incontestable con el territorio (empleo de materiales localizado in situ o en las cercanías) sino representan además la estructura de edificación de los complejos y de los diferentes sistemas agro-pastorales.  Éstos miden la vida cotidiana de los habitantes según migraciones continuas y determinan la estructura jurídica de enteras comunidades.

Petite montagne, grande montagne particulière ou à fruit commun, consortage ou indivision, a cada modalidad de gestión de las praderas alpinas y de los valles, corresponden edificios, migraciones, paisajes y quesos típicos  (Beaufort, Fontina, Raclette, Reblochon, Abondance, Toma).

No obstante, existan aún tantas fincas y los refugios y recibidos intactos de los tiempos en donde la montaña era más valorizada, algunos de los valles más en cota ofrecen sólo ruinas, otros han asistido al nacimiento de verdaderas "ciudades" y otras aún han visto sus viejos burgos agrandarse para fundirse en amplios aglomerados.

Desde hace mucho tiempo, en efecto, la industria y el turismo han, a su vez, dejado una marca en el paisaje de los valles del Monte Blanco.

Aqui, los grandes hoteles de lujo y las amplias villas que han hospedado ricos y ociosos veraneantes a caballo entre el siglo XIX e inicios del siglo XX han otorgado a los pueblos de montaña un carácter urbano primero desconocido, transformándolos después en estaciones de deportes invernales: Chamonix, Saint-Gervais, Megève, Courmayeur, Champex, Finhaut, etc.

En aquellos valles, la fuerza del agua ha sido domada y ha atraído, a los pies de las montañas, los primeros equipos industriales que, a su vez, en un juego incesante de migraciones cotidianas, han llamado obreros y obreras de extracción campesina: Cluses, Chedde, Ugine, La Léchère, Cogne, Châtillon, Martigny, etc.

Más en cota, a partir de los años 50 y 60, las manadas en las praderas alpinas han aprendido a convivir con la energía hidroeléctrica, recogida en embalses imponentes: Roselend, Émosson, Tignes, Valgrisenche. Esa misma agua que hoy sirve a dar de comer a millones de esquiadores y turistas de verano que concurren a las grandes estaciones construidas, en los años 50 y 60, inmediatamente después de las presas: Val d'Isère, Tignes, Les Arcs, Verbier, Crans-Montana, Cervinia, etc. Esa misma agua alimenta las instalaciones de nevada programada, para recubrir, para alegría de los esquiadores, el pastoreo tradicional y pastoreo alpino. Movimiento del agua, transhumancia del ganado, migración de las personas, hoy como ayer, es suficiente abrir los ojos y mirarse alrededor durante unos minutos, para asistir a la evolución de un paisaje donde el hombre continúa a intervenir sin cesar, aquel del macizo del Monte Blanco.