El Tour del Monte Blanco

Morfología y geología

El Monte Blanco, punto de contacto entre placa europea y aquella africana

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El Monte Blanco se extiende de noreste a sudoeste en la cadena alpina norte-occidental. Evoluciona en plena armonía con la orientación actual de las fuerzas internas del Planeta que tienden a aproximarse a la placa tectónica europea a aquella africana, ésta última representada por la llanura Padana.

El Monte Blanco se extiende en el sentido del contacto entre las placas tectónicas continentales. Su aislamiento deriva de elevarse en medio de una región donde prevalecen movimientos de hundimiento. Hacia el Valle de Aosta, el Monte Blanco encuentra a sus pies el plano inclinado subterráneo que llevaba la placa tectónica europea a sumergirse bajo la cadena alpina. Hacia la Saboya la corteza continental europea se encrespa como una alfombra que se desliza contra un obstáculo. Empujado a espaldas de Aiguilles Rouges y encallado detrás del Monte Blanco, el valle de Chamonix se contrae según este modelo de formación.

Su diversidad respecto a los relieves circundantes procede del material de constitución. Su roca ha nacido de una burbuja de magma en las entrañas recalentadas de una placa continental. Si bien recorrido por una red de fracturas, el macizo mantiene la cohesión de un bloque rígido. Respondiendo a las solicitudes internas del sistema, no se ha desmenuzado ni plegado como las rocas sedimentarias a su alrededor, sino que sólo ha tomado una forma almendrada.

Las rocas del macizo

Las rocas de una placa continental, a menudo, son muy antiguas y/o recicladas. En la placa europea el Monte Blanco, constituida esencialmente por un núcleo de granito envuelto por el gneis, no es una excepción.

El Gneis de la capa externa deriva de antiguas rocas sedimentarias deformadas y reequilibradas durante el Paleozoico (desde aproximadamente 542 a 251 millones de años atrás). Esta corteza se preserva en la parte sudoccidental del macizo, a partir de la cumbre hacia el Aiguille des Galciers y más allá, como también la base de la ladera de Saboya y Vallesano.

Son rocas cristalinas foliadas, compuestas esencialmente por cuarzo y feldespatos, aquí y allá oscurecidas por mayores concentraciones de hierro y magnesio.

Durante el Carbonífero (310 millones de años atrás), una parte de este material se recalentó y fusionó. El siguiente enfriamiento creó un núcleo de granito, formado por cuarzo, feldespatos (a veces grandes cristales potásicos blancos de sección rectangular) y mica negra, sustituida aquí y allá por cloritas verdosas.  Como el gneis, también el granito tiene nódulos más oscuros, e intersecado por filigranas claras de pequeños cristales de feldespato. El contacto con el gneis encajado es reconocible a media ladera del lado de Saboya a la altura de Montenvers y en Val Veny a lo largo de la cresta del Brouillard donde toma el aspecto de un festón bruno.

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Las formas

La parte del Monte Blanco aún protegida por una capa de gneis presenta formas más redondeadas y continuas donde se han trazado las vías normales hacia la cumbre. Donde, en cambio, surge el granito en superficie, el relieve es bastante accidentado por fisuras producidas por los esfuerzos de elevación. Estas fracturas delimitan los pilares, las agujas y las torres que han dado celebridad al macizo.

Elevación y acabado del macizo

Aún unos veinte millones de años atrás la placa tectónica europea, convergiendo hacia aquella africana, terminaba por sumergirse debajo de aquella alpina que estaba, como ahora, en medio de dos placas. La elevación del Monte Blanco inició cuando el macizo, en el interior de la placa europea, se encontró en el borde frontal de inmersión.  No pudiendo precipitar a causa de sus dimensiones y de su relativa ligereza, fue socavado y empujado hacia la superficie en el borde del foso, contra las faldas y la cadena alpina.

Desde el interior de la placa donde había sido sepultado el Monte Blanco (y hasta ahora lo es, en parte), hasta los 4807 m actuales de la cumbre, el macizo absorbió una enorme cantidad de energía y se calentó un poco, haciendo colar en las fisuras de deformación fluidos de cargas de silicio. Los tesoros de los "cristalliers" de Saboya y Valle de Aosta, los magníficos drusos de cuarzo expuestos en Chamonix, en punta Helbronner y en muchos museos mineralógicos del mundo, han nacido de la lenta cristalización de estos fluidos.

Durante la elevación, el Monte Blanco debió afrontar varios ciclos de acumulación glaciar en su cumbre y en todo el territorio circundante, hasta las lejanas llanuras. Circos, umbrales y grandes valles glaciares se esculpían en su roca viva, grandes valles se hundían en sus tiernas rocas circundantes. Los grandes glaciares cogían camino de las profundas depresiones ya existentes en esta parte de los Alpes: el Rodano a través de Saboya, el lago de Ginebra a través del Vallese, la llanura Padana a través del surco torcido de Dora Baltea. Inmensas cantidades de materiales rocosos y limosos fueron arrancados a la montaña y depositados en la desembocadura en llanura; todas las rocas en el paso de los glaciares fueron pulidas como aún hoy se ve en los tramos de vertiente más firmes y sólidos. Las primeras glaciaciones alpinas iniciaron 1,6 millones de años atrás, mientras el retiro actual dura sólo desde 10.000 años con alguna fluctuación. El último progreso sensible data de 1820 sobre el conjunto del macizo, seguido por un retroceso casi continuo.

Paseando alrededor del Monte Blanco

El basamento continental europeo (gneis, micacitas, localmente granitos) y la serie sedimentaria de cobertura (margas, arenarias, calcáreos mesozoicos) constituyen el conjunto del territorio de Saboya. Al sur de Saint-Gervais, el torrente excava a través de las formaciones de cobertura hasta descubrir el basamento que aparece desde Contamines al Prarion. A veces el inicio de la sedimentación carbonífera está bien expuesto (Porménaz). Pero el basamento, empujado hacia arriba por las deformaciones recientes (menos de 20 millones de años) por la placa tectónica europea aparece principalmente en cota: además que naturalmente al Monte Blanco, también a Aiguilles Rouges, en cuyas cumbres permanecen jirones de cobertura sedimentaria. Ésta última domina, en cambio, en el resto de la Alta Saboya alpina y prealpina, con frecuencia en faldas sobrecorridas también desde bastante lejos (Chablais).

El sector suizo subdividido entre la placa europea al oeste y las faldas metamórficas alpinas al este. Éstas últimas son partes desprendidas de varias faldas hundidas, transformadas y emergidas durante la orogénesis alpina.  El Frente Penídico, que marca el contacto entre estos dos mundos geológicos, sigue la Val Ferret y llega al valle del Rodano hacia Sión, poco visible en superficie.

Desde el lado europeo el basamento, en relieves suavizados por el hielo cuaternario y grabados por el Rodano, está expuesto alrededor de Martigny. El Mont Chemin, célebre por sus minas, aún es una prolongación del Monte Blanco. La cobertura carbonífera florece en los valles de Trient y en Eau Noire. Las capas superiores, más recientes (mesozoicos), se estrechan a lo largo del surco que conduce a Chamonix. Más al Oeste, la cobertura mesozoica aparece en los lagos Emosson donde han sido descubiertos célebres rastros de dinosaurios.

A lo largo de las dos Val Ferret y Val Veny, la cobertura mesozoica está despegada, volcada y apoyada casi en vertical a la roca granítica del Monte Blanco. Apenas más al este, el Frente Penídico se concretiza en una serie de coladas blancas de yeso y negras de esquistos carboníferos que recorren el fondo de Val Sapin y atraviesan el Chécrouit hasta Val Veny. Superando el Frente Penídico, las faldas metamórficas alpinas están representadas inicialmente por sus detritos fangosos, acumulados en esta zona que era baja (aún no existía el Monte Blanco) a los pies de los Alpes más antiguos.  Lodos y gravillas se han transformados en grava de esquisto con calcáreo, mica y cuarzo (Licony, Crammont...).

Aún más al este, los bajos valles de Drance y la Dora en Valdigne intersecan las faldas del Gran San Bernardo con sus negros esquivos carboníferos que desarrollan blancos cuerpos cristalinos.